La manzanilla romana tiene las mismas aplicaciones que la manzanilla común y se intercambian con frecuencia. En muchos lugares es incluso más apreciada. Al ser más amarga, su efecto como estimulante digestivo es más directo y contundente. Se utiliza principalmente para mediar en digestiones difíciles y pesadas y para aliviar en caso de que aparezcan dolores abdominales, los típicos retortijones, náuseas y vómitos tras una mala digestión. Es también una buena solución para acabar con los gases y para facilitar la expulsión de los parásitos intestinales. Como la manzanilla, estimula el flujo menstrual y mitiga los dolores del periodo y se puede aplicar con la misma tranquilidad en afecciones infantiles. La infusión de manzanilla romana se recomienda igualmente para disipar el dolor de cabeza, sobre todo cuando está asociada a un trastorno digestivo o hepático.
Uso externo: sirve para rebajar la inflamación en ojos y párpados y para aplacar el dolor de oído.
Precauciones: se desaconseja ingerir el aceite esencial durante el embarazo y la lactancia. En dosis elevadas puede provocar vómitos y náuseas.