Uso interno: El romero es una planta con un altísimo potencial curativo muy desarrollado en la medicina popular. Destaca, ante todo, como un excelente estimulante circulatorio que favorece la irrigación sanguínea del cerebro. Al aumentar la oxigenación del cerebro facilita la concentración y la retención de conocimientos. Incluso se le ha atribuido la capacidad de activar el ingenio y la creatividad. Es un ayudante igualmente válido en el tratamiento de la senilidad y para apoyar el esfuerzo intelectual. Contribuye a eliminar la jaqueca, sea de origen nervioso o digestivo y tiene un claro efecto reparador que reequilibra las funciones de los órganos afectados después de una larga enfermedad o en situaciones de debilidad crónica o astenia. El romero es también un tónico digestivo que facilita la secreción de fluidos gástricos y la salivación. Ayuda a recuperar el apetito tras episodios de desgana o indisposición estomacal. Produce un efecto restaurador en hígado y vesícula, arreglando los daños causados por trastornos digestivos, alimentos en mal estado e intoxicaciones. Favorece la expulsión de los cálculos biliares y evita la aparición de gases y flatulencias. Ayuda a regular el flujo menstrual y atenúa los dolores asociados a la menstruación
Uso externo: Se ha empleado como remedio para los dolores reflejos provocados por inflamaciones en las articulaciones, neuralgias y también para tratar la alopecia y determinadas dolencias cutáneas como dermatitis y eczemas. Con este fin se suele utilizar el alcohol de romero.
Precauciones: Podría provocar interacciones al ser tomado junto con algunos medicamentos, como anticoagulantes (warfarina, aspirina), diuréticos (hidrocolorotiazida y furosemida), litio, o inhibidores de la ECA para la presión arterial.