Las ortigas son tenidas por unas malas hierbas a las que acompaña una merecida reputación de insidiosas por el escozor que provocan cuando se rozan sin querer, pero aunque a muchos les pueda sorprender, lo cierto es que estás plantas atesoran un enorme potencial curativo que no es nada desconocido en las zonas rurales donde se han venido utilizando desde antiguo en un sinfín de remedios caseros.
La ortiga es un excelente reconstituyente natural por el importante aporte de minerales y vitamina A, lo que la convierte en un recurso para estados de debilidad física, anemia y convalecencia. Además de ser muy nutritiva, aumenta la secreción biliar y pancreática, disminuye el contenido de glucosa en la sangre y favorece la circulación sanguínea. Se ha recomendado como ingrediente en formulaciones con plantas medicinales para tratar la diabetes, la hipertensión arterial y el exceso de ácido úrico en la sangre. Destaca también como un excelente diurético que incrementa la emisión de orina y facilita la eliminación de toxinas y de arenillas en el riñón. La ortiga está especialmente indicada para bajar las infecciones en los conductos urinarios y para tratar los problemas de próstata, así como el sobrepeso por retención de fluidos, los edemas y la gota. Es también un recurso muy usado para evitar la enuresis nocturna en niños y la incontinencia en personas de edad avanzada, pero por encima de todo la ortiga destaca por sus virtudes astringentes y hemostáticas.
Uso externo: Se recomienda como uno de los mejores remedios en fitoterapia para currar las hemorragias nasales y las pérdidas de sangre por arañazos rasguños y cortes. No debería faltar en un botiquín de remedios naturales para curas de urgencia, no solo en auxilio de los más pequeños de la casa, sino para todos aquellos que por su afición al deporte o al excursionismo pueden ser más propensos a sufrir este tipo de heridas.
Precauciones: Su uso como diurético en caso de hipertensión, cardiopatía o insuficiencia renal debe estar sujeto a examen médico previo.